Tu presencia empieza a disolverse. No hay espalda, ni voz, ni
ausencia
solo error.
Sobre el piso explotó la careta y te veo frágil. Tan común.
Nuestros cuerpos no se reconocieron
fue solo el impulso, el posible deseo, el recuerdo.
Te abandono como a un recuerdo intrascendente
quedaste anulado de mi laberinto.
Adiós ausencia vespertina
adiós presencia inconstante
magna sonrisa que se me escapa al oír tus pasos
poco a poco distanciarse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario