sábado, 15 de noviembre de 2014

Aquella tarde

Tu presencia empieza a disolverse. No hay espalda, ni voz, ni ausencia
solo error.
Sobre el piso explotó la careta y te veo frágil. Tan común.
Nuestros cuerpos no se reconocieron
fue solo el impulso, el posible deseo, el recuerdo.

Te abandono como a un recuerdo intrascendente
quedaste anulado de mi laberinto.
Adiós ausencia vespertina
adiós presencia inconstante
magna sonrisa que se me escapa al oír tus pasos
poco a poco distanciarse.   

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