martes, 4 de noviembre de 2014

Seducida por un cronopio


Desde que lo conocí, me sorprendió. Fue el único autor que me dio la posibilidad de escoger, el único que me entregó libertad a puñados. Siempre he querido leer en “desorden” y me estresa esa imposibilidad. Pero ahí estaba esa novela que me decía léela como tú quieras realicé mi sueño, leía un capítulo, me introducía al medio del libro, al principio, al fin, al capítulo par, al capítulo impar y ahí estaba la Maga y Horacio y Oliveira y yo.

Recuerdo también que alguna tarde mis padres tenían visita, era una amiga de ellos, conocida por mí como la tía Ivana. Hablaban de Rayuela y daban comentarios muy torpes, el que se llevó el premio fue: No se entiende. Cómo se va entender, si ni orden tiene. Recuerdo que tuve mi primera manifestación literaria Rayuela no fue escrita para ser entendida, está para ser sentida, para confundirnos y sojuzgarnos. Todos esos ojos me miraron y tampoco me entendieron.

Afortunadamente, pude reencontrarlo años después. Desde entonces lo busco y lo encuentro, constantemente. Lo escucho, lo leo y lo veo. Su caminar pausado, sus gestos exactos, sus palabras precisas, su intensa mirada, su r nasal. Es más que evidente que tengo idealizada su imagen. Siempre he creído o mejor dicho, querido encontrarme con alguien como él. Pero cada vez que conozco un antipático escritor, pintor o poeta que también lo admiran, solo veo una espantosa copia. No tienen su tino, sus gestos, su actitud, ellos lo que tienen es esa imperiosa necesidad de tener la fama de  Julio Cortázar. Y es que no lo entienden el genio es un cronopio, no es un fama. 

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