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- - Y ¿para aplacar las angustias?
- - Varios dioses
Por ello el parlante inunda la
habitación con el disco de Charly, García, obviamente. Era la segunda semana, no
llegaba la llamada ansiada. Charly aplacaba la angustia, él sabía lo que era
convertir este mundo en lo que se antojaba. Y se me antoja tu voz y el jueguito
de manos y el baile huachafito y la sonrisa como estampa y tú. Charly te me
pones sentimental, me apuñalas con tu Eiti
leda. No, no, nos hagamos esto, regálame otra melodía. Y que esté en mi cama viernes y domingo... Sí eso es lo que
necesitamos, una solicitud, un pedido urgente o urgentemente sentimental que a
estas alturas ya es lo mismo.
Al fin tu voz detrás de la línea
telefónica. Ha sido un completo fracaso, lleno de silencios incómodos, de
sonrisas forzadas, frases trilladas y una apremiante necesidad de terminar esa
conversación. Se perdió la angustia o para ser más precisos la antigua volvió a
reinar. Quiero decir, vuelvo a tener el deseo de oír una voz, pero esta vez ya
sé que no es la tuya. Y hoy que
enloquecido vuelvo, no queda más que viento… Cierto flaco tú lo dices mejor
que yo. Volvió la angustia, volvió con otro dios, con Spinetta.
Pero, no, me niego a ser tan lúgubre
esta noche, vente conmigo Pappo, cántame.
Le he pedido tanto a Dios,
que al final oyó mi voz,
por la noche a más tardar
yendo juntos a la par…
que al final oyó mi voz,
por la noche a más tardar
yendo juntos a la par…
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